Crítica de la quinta temporada de "Downton Abbey"

Crítica de la quinta temporada de "Downton Abbey"

Tras cuatro temporadas en las que, en mayor o menor medida, ocurrían trágicos sucesos, por fin podemos decir que las desgracias se alejan de "Downton Abbey", por lo menos durante su quinta temporada. Eso si no tenemos en cuenta, y aquí voy a hacer un pequeño spoiler, que una de las perras del patriarca de la familia fallece. Resulta curioso ver a Robert Crawley más preocupado y volcado en el cuidado del animal enfermo que cuando lo estaba su propia hija, más aún si tenemos en cuenta la época en la que la serie está ambientada. Pero bueno, así es la familia Crawley.

¿Qué hacer para sostener un "Downton Abbey" sin tragedias? Pues vivir de los sucesos pasados, introducir amoríos en los que están involucrados casi todos los pesos pesados del reparto (parece que la flecha de Cúpido les ha impactado a todos de golpe) y, por último, recurrir al humor.

Con estos tres factores bien podría construirse una agradable y simpática temporada. Sin embargo, no es el caso, ya que ninguno de ellos está bien llevado. Las tragedias pasadas ya tenían que haberse resuelto hace tiempo, para que lo pasado no se convierta en pesado, que es lo que me sucedió al ver cómo se recurría por enésima vez al mismo conflicto.

Crítica de la quinta temporada de "Downton Abbey"

Luego esta la parte dedicada al humor, que, personalmente, no me hace gracia (quizá sea ese tipo de humor británico del que tanto se habla). Eso sí, exceptuando lo referente a la particular relación que Violet (Maggie Smith) e Isobel Crawley (Penelope Wilton) mantienen (quién sabe, quizás se deba a que uno de los guionistas no sea británico...). Lo malo es que dos personas, por mucho talento y complicidad que tengan, no pueden mantener el humor de toda una serie...

Y ya por último, y no menos desolador, la plaga de romances que parece brotar en cada capítulo, pareciendo vivir un perpetuo y empalagoso Día de San Valentín, donde te puedes encontrar el amor en los personajes más insospechables... Lo peor de todo es que Lady Mary ya parece estar totalmente recuperada de la muerte de su esposo, y vuelve a ser la Mary del inicio de la serie: altiva, arrogante, indecisa en el amor... Por tanto, vuelve la Mary que me acaba resultando, por decirlo de una forma suave, insoportable.

Así que, a pesar de que la recreación del ambiente de la época sigue siendo exquisita, me veo en la obligación de suspender por primera vez una temporada de "Downton Abbey", incapaz de superar la vida cotidiana sin las catástrofes que se nos planteaban en anteriores entregas (ver críticas de la temporada 3 y de la temporada 4).

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