Crítica de la película “Un monstruo viene a verme”Lewis MacDougall en "Un monstruo viene a verme"

Crítica de la película “Un monstruo viene a verme”

Es increíble lo bien que está llevando su carrera J.A. Bayona, cineasta español que con todo merecimiento se ha convertido en un ejemplo a seguir para otros realizadores patrios. Tras la estimable “El orfanato”, que recaudó 78.6 millones de dólares en la taquilla mundial, rodó una película mucho más complicada: “Lo imposible” (cuyos ingresos a nivel mundial fueron de 180.2 millones de dólares). A continuación se ocupó de los dos primeros capítulos de “Penny Dreadful”. Ambos me encantaron e hicieron que siguiera la primera temporada de esta serie de televisión. El problema es que, bajo mi punto de vista, la calidad del resto de episodios cayó en picado, de ahí que no le diera una oportunidad a su segunda temporada. Con “Un monstruo viene a verme” no hace otra cosa que confirmar su talento.

No me extraña que Hollywood se haya fijado en él y que su nombre se asociara a la secuela de “Guerra Mundial Z”. Debido a problemas de agenda, J.A. Bayona tuvo que abandonar este proyecto, aunque hace escasos meses se confirmó que dirigirá una continuación a priori más interesante: la de “Jurassic World”.

“Un monstruo viene a verme” es un magnífico drama que habla sobre cómo un niño llamado Conor O’Malley intenta superar el dolor que le provoca la enfermedad que padece su madre. El pequeño no ha tenido una vida fácil, puesto que sus progenitores se separaron y su padre vive con otra familia en los Estados Unidos mientras que él permanece en el Reino Unido al lado de su madre. Por otro lado, no siente demasiada simpatía por su abuela, quien da la impresión de que quiere entrometerse en asuntos que no le conciernen. Las cosas no le van mejor en el colegio, donde es víctima de acoso escolar. ¿Qué es lo que hace para enfrentarse a todo ello? Utilizar su imaginación para aceptar la verdad que oculta en su interior.

Crítica de la película "Un monstruo viene a verme"

Felicity Jones y Lewis MacDougall en una escena de “Un monstruo viene a verme”

Es difícil no emocionarse con un filme como “Un monstruo viene a verme” (salvo que uno posea un corazón completamente gélido). Los ojos centellean y la nariz gotea. Incluso a algunos espectadores les resultará imposible reprimir las lágrimas y se verán obligados a utilizar un clínex. Sin embargo, todo esto acontece sin que J.A. Bayona introduzca elementos en la narración de forma artificiosa para así provocar semejante reacción en el público. Al contrario, la historia discurre con naturalidad, lo que pasa es que se nos cuenta algo que es duro de vivir.

Por tanto, a quien le guste ver películas con el único propósito de evadirse de sus problemas cotidianos, me temo que hará mal en elegir “Un monstruo viene a verme”. El viaje es triste, real, muy difícil… Pero merece la pena transitarlo, puesto que la cinta nos muestra algo que, de una u otra manera, todos hemos sufrido, sufrimos o sufriremos (bien sea en nuestras propias carnes o en las de una persona a la que queremos). El relato no es otra cosa que la aceptación de una culpa que no es tal, describiendo sentimientos que anidan en aquellas personas que han de convivir durante tanto tiempo con la aflicción.

¿Qué es lo que menos me gustó de “Un monstruo viene a verme”?

“Un monstruo viene a verme” no es un título perfecto. Considero que algunos personajes aparecen más de lo que debieran (el padre), mientras que otros o bien no tienen tanta presencia como a uno le gustaría, caso de la propia madre, o bien son descritos con cierta superficialidad (la abuela). Son pequeños detalles que, en todo caso, no empañan un conjunto en el que brilla una cuidada dirección, tanto visual como de actores, unos logrados efectos especiales y un soberbio reparto.

El joven Lewis MacDougall, a quien con anterioridad pocos vimos en un papel secundario de la fallida “Pan: Viaje a Nunca Jamás”, nos deslumbra en las escenas dramáticas. Sigourney Weaver aprovecha muy bien las pocas escenas que tiene para lucirse (sólo hay que ver la llegada de la abuela a su casa y su reacción tras descubrir lo que ha hecho Conor). Felicity Jones transmite debilidad y entereza en un complicado papel. Hasta Toby Kebbel destaca con un personaje que, repito, no merecía tantos minutos (aunque esto no es culpa suya).

3.5
Puntuación total
Lo mejor: las múltiples emociones que desprende la historia.
Lo peor: la excesiva presencia del padre.
Estupenda obra que aborda con inteligencia los sufrimientos que provoca una grave enfermedad (especialmente en aquellos que conviven con quien la padece). Aunque muchos lo piensen, no es una película que busque la lágrima fácil, ya que ésta brota de forma espontánea.

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