Crítica de “El lobo de Wall Street”

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Martin Scorsese se halla en estado de gracia. No sólo me refiero a lo bien que marcha su carrera desde un punto de vista artístico, sino que sucede lo mismo en lo económico. Tras la prescindible “Al límite” (todo un fiasco de taquilla a nivel mundial), estrenó “Gangs of New York”, “El aviador”, “Infiltrados” y “Shutter Island”. Todos estos filmes obtuvieron unas recaudaciones realmente buenas, de tal modo que el cineasta pudo permitirse el capricho de rodar “La invención de Hugo”, un proyecto llamativo en su carrera. Su último trabajo, “El lobo de Wall Street” (“The wolf of Wall Street”), está consiguiendo unos ingresos muy sólidos, de tal modo que nadie duda de que los responsables de financiarlo recuperarán los 100 millones de dólares que invirtieron en él. Quién lo diría, al menos si nos fijamos en su duración y en su temática.
No me parece que la película busque a toda costa ser una disección de una sociedad en la que casi todo el mundo quiere ganar dinero fácil y rápido. Cierto, se aborda esta cuestión, mas considero que el guión de Terence Winter se centra en narrarnos la vida de excesos en la que se involucra Jordan Belfort y la mayoría de las personas que lo rodean (la moralidad brilla por su ausencia y, si acaso, tan sólo la encontramos en la primera mujer del protagonista). El problema del filme es que a veces se asemeja demasiado a una comedia gamberra, de tal modo que al espectador le da la impresión de que está asistiendo al visionado de, por ejemplo, una cinta similar a “Resacón en Las Vegas”. Ello se hubiera solucionado con un metraje más ajustado y desarrollando otras tramas como la de la investigación del FBI o, sobre todo, la relacionada con las consecuencias que el comportamiento de Belfort tiene en su familia (una circunstancia que tan sólo se aborda de forma magnífica en el último tramo de “El lobo de Wall Street”). Echo en falta, pues, un mayor equilibrio en la historia.
Lo que no se puede negar es el desparpajo de Scorsese como realizador. El filme es verdaderamente ágil y, recursos que no suelen agradarme (el protagonista del relato hablando directamente a la cámara), se manejan con una gran pericia (de hecho, se emplean en instantes puntuales y en ningún momento se abusa de ellos). No obstante, lo mejor de la cinta reside en la actuación de un comprometido Leonardo DiCaprio. Su papel es complicado, pues hubiera sido fácil que cayera en el histrionismo (hasta se lo llegaríamos a perdonar). Sin embargo, el intérprete resulta creíble en el rol de un carismático individuo al que no le importa estafar a los demás con tal de amasar una fortuna y continuar con su alocado ritmo de vida. Jonah Hill vuelve a sorprendernos tras “Moneyball: Rompiendo las reglas”, completándose el reparto con una curiosa variedad de nombres (desde un fugaz Matthew McConaughey hasta ese descubrimiento llamado Margot Robbie).

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