Crítica de “Dallas Buyers Club”

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Una de las películas triunfadoras en los Oscars de 2014 fue “Dallas Buyers Club”, título que se llevó los premios al Mejor Actor Protagonista, Mejor Actor de Reparto y Mejor Maquillaje y Peluquería (donde sólo competía con otras dos cintas). La pregunta que muchos nos hicimos entonces fue la siguiente: ¿de verdad merecía semejantes loas? Reconozco que es difícil comparar interpretaciones de largometrajes entre los que no existen muchas semejanzas, pero tengo clara una cosa: siempre se le otorga un mayor mérito a todos aquellos actores que han de dar vida a un personaje con alguna característica excesiva o que han sufrido una transformación física para encarnarlo. Si a eso le unimos la temática del filme, socialmente comprometido, hallaremos una respuesta (subjetiva) a mis interrogantes.

“Dallas Buyers Club” nos narra la historia real de Ron Woodroof, un hombre que, en la década de los ochenta, descubre que tiene sida. De hecho, los médicos le dicen que apenas le queda un mes de vida. Es entonces cuando comienza a informarse sobre ciertos medicamentos que podrían prolongar su existencia en este mundo. ¿Cuál es el problema? Que no están aprobados por la administración. A pesar de ello, se hace con dichos fármacos e incluso monta un negocio para sacarle el dinero a otras personas que se encuentran en su misma situación. La película, que, sin llegar a apasionar, se deja ver sin problemas, presenta dos aspectos interesantes. Por un lado nos hallamos con un individuo homófobo que no entiende cómo posee un virus que por aquel entonces afectaba de manera mayoritaria a los homosexuales. Asimismo, se nos muestra su lucha contra un sistema en el que las empresas farmacéuticas tienen bastante que decir.

La evolución de Woodroof está bien conseguida, puesto que poco a poco vamos observando cómo se mitiga su completo rechazo hacia todo lo relacionado con los gays. Donde quizás echo en falta una mayor profundidad es en la cuestión de las compañías farmacológicas. Claro que se aborda, pero da la impresión de que los guionistas Craig Borten y Melisa Wallack no pretenden abrumar al espectador con demasiados contenidos técnicos y optan por resumir dichos aspectos de la trama (incluso se presta una mayor atención a los viajes del protagonista para obtener “mercancía” en otros países). En cuanto al director, Jean-Marc Vallée, quiere dejar muy claro que nos topamos ante una cinta independiente, de ahí que utilice recursos propios de este tipo de cine (los ligeros tembleques de la cámara, por ejemplo). Finalmente, vuelvo a mencionar al reparto. Que nadie me entienda mal, puesto que Matthew McConaughey lleva a cabo un notable trabajo, tal y como se atisba en el modo en el que progresivamente su personaje empatiza con el de Jared Leto (cuya actuación resulta muy meritoria, sobre todo desde un punto de vista emocional). No obstante, me molesta que pocos hayan hablado de Jennifer Garner, quien, eso sí, no ha tenido que adelgazar ni cambiar de aspecto para su papel de doctora. ¿Ahí radica la diferencia del reconocimiento?

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