Vaya, tengo sensaciones encontradas con respecto a la película "Logan". Por un lado, alabo el riesgo de enfocar un largometraje de superhéroes de forma completamente distinta a lo habitual, sobre todo si tenemos en cuenta que su protagonista pertenece a una saga cinematográfica que vio la luz en el año 2000. Pero, por otro, tengo la impresión de que el filme se separa en exceso de sus antecesoras.
"Logan" tiene lugar en 2029. Apenas nacen mutantes y, los pocos que todavía viven, intentan ocultarse de un mundo que los persigue. Es el caso de Lobezno, quien cuida de un nonagenario Charles Xavier. El que antaño fuera uno de los miembros más poderosos de la Patrulla X tiene ahora un trabajo de conductor de limusinas, le da a la bebida e intenta reunir el dinero suficiente para comprar un barco y perderse en el mar con su mentor (quien, debido a una enfermedad cerebral, se ha convertido en un peligro para la sociedad si no se toma su medicación).
Sin embargo, una enfermera reconoce a Lobezno y le pide ayuda, solicitándole que lleve a una niña a un determinado lugar. La pequeña, que posee unos poderes especiales, está siendo perseguida por una misteriosa organización.
En los primeros minutos de "Logan" el espectador enseguida se percata de que Lobezno no es el que vimos en la conclusión de "X-Men: Días del futuro pasado". Mientras que Bryan Singer nos mostraba una idílica reunión de los mutantes liderados por Charles Xavier, el director James Mangold obvia todo lo anterior y nos presenta a un Logan decrépito, vulnerable y sin el vigor al que nos tenía acostumbrados.
Además, y a raíz del inesperado éxito de "Deadpool", la película refleja la cruda violencia de Lobezno cuando utiliza sus garras, cortando miembros de sus enemigos o siendo brutalmente herido por las armas de éstos (son muchos los que alaban "Logan" por este detalle, pero, bajo mi punto de vista, no es necesaria tanta casquería para que nos percatemos de la fiereza del personaje; a "X-Men: Apocalipsis" me remito).
Aunque posee escenas de acción (y muy bien rodadas), la cinta es en realidad una road movie con ciertos toques de western. Quien espere, pues, una típica producción de superhéroes... mucho me temo que se quedará un tanto perplejo. De hecho, "Logan" se podría calificar como una película intimista en la que se nos dibuja a un personaje que no quiere saber nada de los demás pero que, sin embargo, no puede mirar hacia otro lado cuando se comete una injusticia. Eso es lo que sucede durante la estancia de los protagonistas en el hogar de unos granjeros (uno de los mejores momentos del largometraje).
Lo que menos me convence de "Logan"
Las principales debilidades de la cinta son, por un lado, las vagas explicaciones que se nos dan sobre por qué apenas hay mutantes en el planeta (algo tan relevante se resuelve en apenas unos diálogos); por otro, existe un villano de segunda categoría que trabaja para otro antagonista al que sin duda se le podría haber sacado mejor provecho. Además, no me quiero olvidar de la exagerada duración de la película o de la simplicidad de la trama (a fin de cuentas, la cinta nos narra cómo los protagonistas se limitan a huir de sus enemigos). Dicho lo cual, he de reconocer que al menos no se hace pesada en ningún momento.
Del reparto, sólo puedo alabar la fabulosa química que existe entre Hugh Jackman y Patrick Stewart. Aparte de que ambos son buenos actores, cabe apuntar que se nota lo mucho que quieren a sus personajes (no es de extrañar, pues los han interpretado durante más de tres lustros). Boyd Holbrook está correcto y tampoco es que pueda hacer maravillas en el papel de Pierce (al menos tal y como está escrito en el guión). En cuanto a la jovencita Dafne Keen, consigue salir airosa de la difícil tarea de llevar buena parte del peso de la trama de "Logan".
