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Crítica de la película "Seven"

He de reconocer que, cuando llegaron a mis oídos las primeras informaciones sobre "Seven", supuse que sería una cinta que no me ofrecería nada nuevo. Ingenuo de mí, pensaba que se trataría del típico argumento de un filme que se aprovecharía del éxito de la tantas veces imitada "El silencio de los corderos". Me alegro de que mi intuición fallara de esa manera; es más, espero que lo haga más a menudo (estoy harto de películas prometedoras que se desinflan nada más iniciarse).

"Seven" arranca desconcertando al espectador. Unos títulos de crédito innovadores (aunque no atraigan por lo inusual de su elaboración), una presentación de personajes sencilla pero eficaz, y un brutal crimen que significa el comienzo de una investigación. ¿Y qué hace que esta mil veces usada línea argumental supere a otras que la precedieron en el tiempo? En principio, la claridad de su exposición. Al inicio de las pesquisas de los "sabuesos" (así llaman los policías a estos detectives que rastrean pistas que los conducen a un asesino), uno piensa que la película parece prometedora. Sí, está bien, pero no es para tanto (las críticas recibidas eran, en algunos casos, sobresalientes). Craso error. Hay que involucrarse en la trama, explicada perfectamente con imágenes y diálogos de los protagonistas. Alegra comprobar que el confuso ambiente de este tipo de largometrajes se suple por la limpieza narrativa y visual de "Seven". Por tanto, magnífico guión de Andrew Kevin Walker, llevado excelentemente a la pantalla grande por David Fincher (atentos al ambiente desasosegante de la ciudad, las brutales e impactantes escenas de los asesinados, la persecución del sospechoso y, sobre todo, la parte final en el desierto, lleno de torres eléctricas que rompen la soledad de los protagonistas).

Cuando llegamos a las valoraciones de los actores, no deja de sorprender la sobresaliente actuación de Morgan Freeman, la discreta interpretación de Gwyneth Paltrow y el pasable trabajo de Brad Pitt en el que hasta aquel momento fue el mejor de su carrera. En cuanto a Kevin Spacey (genial cuando su personaje afirma, en la escena final, que él no ha matado al perro que yace en la carretera mientras mira inocentemente a los dos detectives), sólo cabe señalar que borda su papel, sin necesidad de los gritos o las gesticulaciones que proliferan en otros psicópatas similares (si en movimientos de manos descoordinadas tuviésemos que elegir a un esquizofrénico, apostaría sin dudarlo por Brad Pitt; seguramente los productores de "Doce monos" pensaron lo mismo que yo).

Respecto a la banda sonora de Howard Shore, cabe destacar la música que escuchamos durante la persecución del sospechoso y la intensísima composición de la escena final.

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En resumen, una notable película que involucra al espectador en la resolución de un asesinato que cuenta con uno de los mejores finales jamás vistos en las nada arriesgadas producciones hollywoodienses. Un consejo si aún no la has visto: no dejes que te cuenten cómo acaba.

Crítica revisada de un texto originalmente escrito el 8-7-1996

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