Crítica de la película “Múltiple”

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Definitivamente, M. Night Shyamalan ha resucitado. Si “La visita” ya supuso un pequeño éxito comercial para el director de “El sexto sentido”, “El protegido” y “Señales”, “Múltiple” confirma su absoluta recuperación en la taquilla. Ahora bien, no tengo tan claro que, desde un punto de vista artístico, se pueda decir que los últimos trabajos del cineasta supongan una clara mejora en la calidad general de su filmografía.

“Múltiple” cuenta con un fabuloso arranque, de esos que van directos al grano y en el que, haciendo uso de unos cuidados planos (visualmente, M. Night Shyamalan siempre ha sido un realizador muy interesante), se nos explica con mimo lo que acontece en la pantalla. En apenas unos minutos observamos cómo tres jóvenes son secuestradas por un hombre y retenidas en un lugar completamente aislado del exterior. El individuo en cuestión posee varias personalidades, incluyendo la de una mujer y la de un niño.

“Múltiple”, una película… con múltiples puntos débiles

El problema llega según avanza la película, puesto que se perciben evidentes altibajos en la narración. Por ejemplo, se le otorga demasiada importancia a la psiquiatra y a los flashbacks en los que se nos explica el pasado de Casey, la protagonista femenina de “Múltiple”. Con estos últimos se persigue dotar de profundidad a dicho personaje, pero, bajo mi punto de vista, se trata de un recurso bastante forzado.

Además, todo esto lo que provoca es que el metraje del filme sea excesivo. De hecho, hasta ahora las películas de M. Night Shyamalan tenían una duración de poco más de hora y media (incluidos títulos como “Airbender: El último guerrero” o “After Earth”). Por eso me llama la atención que “Múltiple” casi se alargue hasta las dos horas, cuando en realidad no son necesarios tantos minutos para relatarnos esta historia.

Termino diciendo que la cinta funcionaría mejor si sólo se hubieran potenciado sus elementos de thriller psicológico y se hubieran dejado de lado los componentes fantásticos de su tramo final (adornados con teorías pseudocientíficas). Éstos se introducen para justificar la existencia de un epílogo que, de paso, sirve para dejar con la boca abierta a los entusiastas de los primeros trabajos de M. Night Shyamalan.

Al menos nos queda la actuación de James McAvoy, que podría haber hecho el ridículo y convertir a Kevin y al resto de sus personalidades en una simple caricatura. Tampoco lo hacen mal la joven actriz Anya Taylor-Joy y la veterana Betty Buckley.

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