Lo he dicho un buen número de veces y no me cansaré de repetirlo: ¡qué difícil es hacer una buena comedia! Porque, como bien habrá comprobado el lector en sus habituales visitas a las salas de cine, películas que buscan la risa facilona las hay a montón (me refiero, claro está, a títulos en los que abundan una innecesaria zafiedad, unas caídas gratuitas y una verborrea que no conduce a nada). Por eso es grato encontrarnos con producciones como "Ocho apellidos vascos", cinta de Emilio Martínez-Lázaro que, sin excesivas pretensiones, logra enganchar al espectador con un guión inteligente, unos personajes carismáticos y unas ocurrentes situaciones que consiguen que dibujemos una amplia sonrisa en nuestro rostro durante su visionado.El filme parte de una premisa que ya ha sido explotada con éxito en otras cinematografías: las lógicas diferencias existentes entre las distintas regiones de una misma nación. En este caso hablamos del País Vasco y de Andalucía. Lo bueno del asunto es que la cuestión, que por culpa de la banda terrorista ETA y de sus acólitos podría resultar ciertamente espinosa, se resuelve con acierto y sin caer en el mal gusto (otra cosa es que a los nacionalistas, cuya perversa ideología ha provocado las principales guerras de Europa durante el último siglo, no les haga ni pizca de gracia; pero, en fin, poco se puede esperar de alguien apegado al extremismo). "Ocho apellidos vascos" parte de una premisa muy manida: chico conoce a chica. Así, nos narra la historia de Amaia y de Rafa, quienes están repletos de prejuicios con respecto a sus respectivas tierras. Por azares de la vida, el segundo ha de hacerse pasar por un habitante del pueblo en el que reside la primera. Y es entonces cuando comienza un enorme equívoco...
Los guionistas Borja Cobeaga y Diego San José utilizan con cierta habilidad la confusión cómica, si bien se nota que a ratos no pueden evitar forzar determinadas situaciones (insisto, hasta se pueden perdonar estos ligeros traspiés debido a lo complicado que resulta el género que manejan). Por supuesto, exageran los tópicos relativos a los vascos y a los andaluces, pero nunca se hace con malicia. De hecho, nos hallamos ante un largometraje que incluso contará con la bendición de aquellos que no quieren saber nada, pero absolutamente nada del cine español (su humor es muy blanco y entretiene de principio a fin, gracias en buena parte a su ajustado metraje). No quiero olvidarme del reparto, que me ha sorprendido gratamente. Sin duda, Karra Elejalde roba no pocas de las escenas de la película, algo que también sucede en el caso de Carmen Machi. Asimismo, sería injusto no mencionar la gran química existente entre Dani Rovira y Clara Lago. En definitiva, "Ocho apellidos vascos" es un filme sencillo, agradable y recomendable. Dado su éxito en la taquilla, no me cabe la menor duda de que próximamente nos tocará contemplar un relato parecido sobre madrileños y catalanes. Bueno, y como nos pongamos a mirar los piques que existen entre distintas poblaciones de España, incluso aquellas a las que apenas las separan unos pocos kilómetros, tenemos películas de este tipo para rato.
